martes, 24 de marzo de 2009

Lágrimas de sangre

martes, 24 de marzo de 2009
Sierra Leona, tras una década de guerra, se ha cansado de llorar sangre. El comercio ilegal de lágrimas de carbono cristalizado ha podido con la vida de más de cincuenta mil personas. Hay quien sí puede contarlo; más de dos millones han sido mutilados, violados o torturados de otro modo. Hace ocho años que terminó la guerra civil pero su población sigue inmersa en el llanto.


La paradoja
No sufren porque se les haya cortado un brazo, sufren porque Sierra Leona ocupa el último puesto de desarrollo humano en el mundo. Las tasas de mortalidad infantil y la de mortalidad maternal son altísimas, un cincuenta por ciento de población está desnutrida, tienen una esperanza de vida de cuarenta años y tocan a tres médicos por cada 100.000 según el programa de las Naciones Unidas.

Sierra Leona tiene zonas muy ricas. Las más fructíferas dan diamantes, oro o café. Un sesenta por ciento de esos productos, primordialmente minerales, son exportados. Nada de eso llega a la población que no tienen ni para comprar arroz.

“Serán catorce años seguidos o quizás quince siendo el país más pobre del mundo; el país con más mortalidad infantil, el país donde más mujeres mueren por enfermedades relacionadas con el parto y el embarazo; y eso siendo un país riquísimo en materias primas” señala Chema Caballero, misionero en la zona desde 1992. Relata como lucha por el desarrollo y como el hambre da paso a los conflictos bélicos.


Afán de superación
La población, de mayoría musulmana, está formada por dos etnias principales: los mendé en el sur y en el este y los temné en el norte. Son conservadores y no permiten relaciones homosexuales. Algunas de sus costumbres implican el casamiento de las mujeres a una corta edad, como es el caso de Aminata Mansaray.

Tiene dieciséis años y nació en una pequeña población de Bombali, en la región septentrional de Sierra Leona, es la tercera de cinco hermanos y su educación no merece la pena porque va a contraer matrimonio. Sin embargo, en su cabeza hay otros ideales para luchar por el futuro de su pueblo.

“Me gustaría ser maestra y ayudar a que las niñas como yo puedan ir a la escuela. También las alentaría para que no abandonen sus estudios y completen su educación”, afirma.

Esta niña es solo una parte del pulmón que poco a poco permite respirar a Sierra Leona. El conflicto ha sido largo y el resultado dantesco, pero gracias a la ayuda de personas como Chema y a su afán de superación, quizá algún día las lágrimas de sangre sean lágrimas de alegría. Olaia Salgado López.

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