lunes, 14 de julio de 2008

Combate en campo abierto

lunes, 14 de julio de 2008
A veces, las tardes dan mucho de sí y sirven; entre otras cosas, para reflexionar. Esta tarde me he dado cuenta de algo que realmente ya sabía: que tengo el corazón dividido.

Sí, por un lado está ese amor que esperas que sea para toda la vida forever, forever. Alguien a quien conoces desde hace algunos años y que no ha pasado desapercibido en sus pasos. Poco a poco ha ido calando hasta conseguir hacerse un hueco en tu vida, en tu corazón. Y ahí está, día tras día, ese amor que ya hace planes de futuro. Y a mí me parece corecto, es decir, yo no sólo veo ese futuro sino que me lo planteo. Pero también me planteo otras cosas y he aquí la segunda mitad que también late con fuerza.

Por el otro lado, está algo que va en mi sangre desde hace casi una veintena de años. Estoy hablando de mi carrera: periodismo. Sí, se que se os viene a la cabeza centenares de profesionales (y no tanto) que compaginan su trabajo con su pareja y lo que ella requiere. Pero vereis, las cabras siempre tiran al monte y esto es justamente lo que me da miedo. Lo que yo llevo en vena es el periodismo en estado puro: el k sólo se puede ver a través de un objetivo de 50 milímetros de una Nikon, por ejemplo. No, no pretendo dármelas de entendida; de fotografía no tengo ni idea, al menos fuera de una simple lectura. Lo que intento decir es que yo quiero ser testigo presencial de aquel niño que llora la muerte de sus padres en el Líbano, de aquel soldado fatigado y casi moribundo que ha conseguido la libertad, de aquella mujer vilipendiada en extremo que en un último aliento mantiene a su hijo ya muerto en brazos, de la mina que por observación deduces que ahí debajo de aquella hierba virgen, de cómo aquella mujer con uno solo de sus pulmones sopló las cicuenta velas. Quiero calcular la luz, el diámetro y la escala perfecta sin corromper una pizca del paisaje y quiero que eso llegue hasta todos vosotros. Y cuando lo veais os deis cuenta de que una imagen vale mis palabras. Podría exsecrar a todas esas víctimas también con un cámara y un micrófono pero sería demasiado profano. Aunque no lo descarto.

A quien no podría, sería a mi pareja. No podría salir por la puerta y tenerla esperando sin saber cuando volveré a entrar o si volveré ha hacerlo. Pero ¿qué hacer cuando Dios pone señales en tu camino esperando que las veas?

El ser humano es capaz de aguantar las más terribles torturas y los miedos más inexpulgables, ¿por qué no iba yo entonces a aguantar otro tipo de trabajo por la persona que tantas cosas me ha dado y quiere seguir haciédolo? ¿Por qué tengo esa necesidad persistente de irme y cubrir lo que de verdad está pasando en el mundo?

Pensareis que me estoy dejando llevar por mis pasiones; que soy una ingenua que no sabe nada de la vida, y la verdad, no os equivocais en exceso. Solo que no es pasión sino vocación.

El principio será duro, todas esas imágenes, una periodista nobel con una gran ética y moral en la profesión, que no salvaguardarán las primeras arcadas, ni los primeros tembleques. Pero estoy casi segura de que más duro será el final cuando el pulso ya no tiemble, cuando ya no padezcas y deje de sorprenderte la barbarie humana; entonces y sólo entonces, corrompida decidiré retirarme. Volveré a casa y no habrá nadie para recibirme. No habrá pareja, no habrá niños, ni tampoco planes de futuro. Sin embargo, tendré un corazón repleto de imágenes, de historiales reales a las que me llevó mi tesón de joven alocada y decidida.

Esa joven es la misma que escribe estas palabras repletas de sinceridad y que no va a hacer otra cosa que seguir atenta a todas las señales, a todo aquello que le indique qué camino coger. A pesar de tener la certeza casi justificada de que nuestros caminos ya están hechos; y a cada uno, por mucho que luche por evitarlo, le toca el suyo. Por eso sé que todo lo que me he encotrado hasta ahora tiene un significado y que todo pasa por una razón.

Ahora sé lo que tengo que hacer, mientras las dos partes convivan en armonía. Pero no os olvideis que no cargaré en mi conciencia con más dolor que el que os produzcan otros; porque llevo mucho tiempo avisando y de esta batalla la única que puede morir en combate, soy yo.
 
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