lunes, 1 de junio de 2009

POR UN HOUSE EN LA SANIDAD

lunes, 1 de junio de 2009






La culpa, como casi siempre, no la tiene la industria farmacéutica. Pasa que es uno de los mayores mercados bursátiles del momento, pasa que los tratamientos tienen un enfoque más sociocultural y menos médico y que han redefinido el término curar. Pero a fin de cuentas la culpa es nuestra, de los occidentales. Las empresas, empresas son y eso ya era así mucho antes de que se implantara silicona en las tetas. Por lo tanto, somos nosotros los que queremos tener menos lorzas, menos arrugas, menos colesterol, ser inmortales y todo ello con el pene bien erecto. No se ría porque a la parte sur del planeta no les hace ni puta gracia.

Tuberculosis, paludismo, malnutrición, venéreas…enfermedades que corresponden a un 90% de enfermos en el mundo, en su mayoría a países subdesarrollados y en total, menos del 10% son los gastos en investigación que se les destinan. Es lógico aquí tenemos otras patologías como la calvicie, la depresión pos vacacional o la cirrosis alcohólica que se combaten con las denominadas drogas del bienestar.

¿Y qué pasa con los médicos? ¿Qué son unos cabrones? No, hombre, al menos no la gran minoría. Yo soy más de las que pienso que son unos mandados, se adaptan a los resultados que llegan tras arduas investigaciones y extienden la receta. Ya saben: tómese una cada ocho horas, ya verá que bien…a nosotros nos da lo mismo que sea Algidol que Frenadol que para eso termina igual, pero a las empresas no. Y tenemos suerte que si las cosas fueran muy mal, sería tome uno pero cada cuatro horas.

Y sin embargo, nos pasamos la vida protestando por la sanidad. Que si es muy lenta, que si te prescriben pero ni te escuchan, que me cago en la seguridad social…Y claro se reclaman más fondos y el gobierno da más fondos; pero recorta educación, seguridad y lo que haga falta y lo que es peor, la industria farmacéutica va a seguir fabricando lo que más rentabilidad le de, es decir, Viagra.

En realidad el problema es que no hay médicos como House. A House le importan tus dolencias (si son lo suficiente graves, es decir, si no lo son es que no estás muy malo), House es perseverante (si no encuentra nada, te medica con todo lo posible hasta ir descartando), House utiliza la psicología para convencer (“Si deja que el niño palme a los 15 años no tendrá que comprarle un coche nuevo a los 16”); House, además es sexy y nada pedante (“Dios habla con él. Sería una arrogancia creerme mejor que Dios”).

En definitiva, House es el médico que todos queremos, pero de momento nos tememos que conformar con pagar porque te atiendan medio bien y el Tercer Mundo se tiene que joder porque ni siquiera lo atiendan. Pero ¿Saben qué? Me da igual porque ahora mismo me voy a tomar una Aspirina; y no porque el tema me genere dolor de cabeza, sino porque me duelen las uñas de tanto teclear y como ahora la Aspirina arregla tanto un roto como un descosido….eso sí, hasta que la industria farmacológica se de cuenta de que eso, tampoco es rentable.

jueves, 14 de mayo de 2009

El poder de la química

jueves, 14 de mayo de 2009
Hoy voy a escribir sobre una ciencia que siempre es exacta: la química. Esa que estudia la estructura, propiedades y transformaciones de la materia a partir de su composición atómica. Pues bien, la estructura son dos cuerpos humanos, las propiedades son los iones que tienen una potente carga eléctrica y las transformaciones son las múltiples alteraciones que se producen cuando salta la chispa. Y para que salte la chispa solo son necesarios dos cuerpos cargados con un diferente potencial eléctrico.

Jacques Lacan, psicoanalista francés del s. XX, decía que los ojos no servían solo para que la libido explorase el mundo sino que se convertía en el instrumento para este impulso; cito textualmente: “El ojo no es solo un órgano de placer (…) pues un impulso no solo busca placer, sino que está atrapado en el sistema de significación caracterizado por el primer ingreso del sujeto en el sistema (…) este proceso termina por afectar a todo mirar: cada reconocimiento es a la vez un hallazgo y una imposibilidad de hallar.”

Los ojos son los primeros receptores de la química. Cuando se produce el impacto visual, algo se transforma en el cuerpo. Las feromonas empiezan a hacer de las suyas y ya no hay remedio. La atracción es inevitable. El objeto del deseo no son sus ojos, no es su sonrisa, ni su cuerpo de escándalo: es pura química.

Palabras que encierran dobles sentidos, miradas intensas, gestos enfáticos…todo lo que sirva para provocar al otro. La consecuencia más directa de la atracción es la provocación. Esta se ocupa de aumentar la atención y por lo tanto el deseo. Y el deseo solo conduce a la lujuria.

Con razón la lujuria es un pecado capital. El apetito desordenado de los deleites carnales, así es como la define la RAE. ¿Por qué un pecado? ¿Qué culpa tiene nadie de que se cuerpo responda ante un estímulo de forma química? Y lo peor es que es un proceso insaciable, incurable e infatigable.

El ser humano no se cansa nunca de recibir y responder a los estímulos. Es un proceso intuitivo que te nubla, que hace que no puedas reaccionar de otra manera y que no quieras hacerlo tampoco. Porque cuando entre dos personas hay química, cualquier modificación de su conducta para evitarla no funciona. No puedes engañar al cuerpo, ni ser lo que no eres. Quizá consigas no buscar más la mirada de esa persona, quizá logres evitarla, pero cuando bajes la guardia volverás a caer.

Finalmente, te dejarás llevar por todo el torrente de emociones. Los átomos se fusionan y producen energía; llámala de fisión, llámala explosión o nuclear. Eso sí, dentro de esta la que nunca se producirá es la fusión fría porque en este proceso las temperaturas siempre son muy, muy altas. Y es que, para entender la química yo elijo las ciencias sociales más que las naturales, será por eso del cuerpo a cuerpo.
 
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