Hoy voy a escribir sobre una ciencia que siempre es exacta: la química. Esa que estudia la estructura, propiedades y transformaciones de la materia a partir de su composición atómica. Pues bien, la estructura son dos cuerpos humanos, las propiedades son los iones que tienen una potente carga eléctrica y las transformaciones son las múltiples alteraciones que se producen cuando salta la chispa. Y para que salte la chispa solo son necesarios dos cuerpos cargados con un diferente potencial eléctrico.Jacques Lacan, psicoanalista francés del s. XX, decía que los ojos no servían solo para que la libido explorase el mundo sino que se convertía en el instrumento para este impulso; cito textualmente: “El ojo no es solo un órgano de placer (…) pues un impulso no solo busca placer, sino que está atrapado en el sistema de significación caracterizado por el primer ingreso del sujeto en el sistema (…) este proceso termina por afectar a todo mirar: cada reconocimiento es a la vez un hallazgo y una imposibilidad de hallar.”
Los ojos son los primeros receptores de la química. Cuando se produce el impacto visual, algo se transforma en el cuerpo. Las feromonas empiezan a hacer de las suyas y ya no hay remedio. La atracción es inevitable. El objeto del deseo no son sus ojos, no es su sonrisa, ni su cuerpo de escándalo: es pura química.
Palabras que encierran dobles sentidos, miradas intensas, gestos enfáticos…todo lo que sirva para provocar al otro. La consecuencia más directa de la atracción es la provocación. Esta se ocupa de aumentar la atención y por lo tanto el deseo. Y el deseo solo conduce a la lujuria.
Con razón la lujuria es un pecado capital. El apetito desordenado de los deleites carnales, así es como la define la RAE. ¿Por qué un pecado? ¿Qué culpa tiene nadie de que se cuerpo responda ante un estímulo de forma química? Y lo peor es que es un proceso insaciable, incurable e infatigable.
El ser humano no se cansa nunca de recibir y responder a los estímulos. Es un proceso intuitivo que te nubla, que hace que no puedas reaccionar de otra manera y que no quieras hacerlo tampoco. Porque cuando entre dos personas hay química, cualquier modificación de su conducta para evitarla no funciona. No puedes engañar al cuerpo, ni ser lo que no eres. Quizá consigas no buscar más la mirada de esa persona, quizá logres evitarla, pero cuando bajes la guardia volverás a caer.
Finalmente, te dejarás llevar por todo el torrente de emociones. Los átomos se fusionan y producen energía; llámala de fisión, llámala explosión o nuclear. Eso sí, dentro de esta la que nunca se producirá es la fusión fría porque en este proceso las temperaturas siempre son muy, muy altas. Y es que, para entender la química yo elijo las ciencias sociales más que las naturales, será por eso del cuerpo a cuerpo.


